Letra sin acordes
¡Señor! ¿Qué es nuestro templo si tú no estás presente?
¿Qué tienen sus paredes, sus bancos y su altar?
¿Qué el coro melodioso o el órgano potente,
si acaso tu presencia no habita en el lugar?
¿Qué valen nuestras voces unidas en un canto,
palabras o silencios, discursos, oración,
si tu hálito divino no cubre como un manto
el íntimo aposento de cada corazón?
¿Qué valen ceremonias, los credos, simbolismos,
los salmos de alabanzas, la bíblica lección,
si en medio de tu pueblo hay un profundo abismo
que priva nuestras almas de franca comunión?
¡Señor, llena este templo con tu presencia pura;
que en el silencio grato de tu feliz mansión,
unidos como hermanos se eleven a la altura
las fervorosas notas de nuestra adoración!


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