
Preguntarse si hay un riesgo por poner en práctica el cristianismo en la vida cotidiana, esto es fuera de la iglesia, es dar un fuerte paso de madurez doctrinaria. Nuestro Señor en esta porción del evangelio que también podemos llamar perícopa, nos enseña que, para que el reino de Dios, se acerque cada vez más, estamos obligados a ejercer el evangelio como una responsabilidad social, para con nuestros hermanos, para con aquellos que no comulgan con nuestra fe, y para con quienes ejercen el poder y la autoridad, sobre todo si vemos que estos últimos se han desviado del mandato otorgado, y hasta podemos agregar los siete días a la semana.
En este pasaje leemos que unos fariseos le proponen a Nuestro Señor que huya, porque había amenaza de muerte sobre su vida, por parte del entonces gobernador. Amenaza digna de tener en cuenta, ya que este Herodes Antipas, tiene claro que la salida para continuar en el poder, es matar, eliminar todo obstáculo o persona que se interponga en su camino, él ya había asesinado a Juan el Bautista, por miedo a que su prédica pusiera en peligro su reinado. En este caso el temor que padecía este vasallo de Roma que gobernaba Palestina, era que la actividad de Jesús, provocara una agitación en sus dominios, lo que sería un inconveniente peligroso para él ya que el imperio podía llegar a expulsarlo del poder y reemplazarlo por otro afín a sus planes de colonialismo. Jesús ve que la estratagema de huir era una manera de ponerle fin a su carrera. Entonces encara a este rey de Galilea. Lo llama zorro, animal astuto por excelencia, porque es muy probable que Herodes haya difundido y hecho conocer sus planes contra Nuestro Señor, entre quienes le rodeaban, con la seguridad de que alguno iba a filtrar la información hasta llegar al Maestro, lo que hoy llamamos “hacer lobbies”. De esta forma pensaría que un Jesús atemorizado huiría, y así se evitaría el derramamiento de sangre. Lo que este Herodes no entiende, (creo que tampoco lo entienden nuestros gobernantes) que la misión de Nuestro Señor, (Y la nuestra también), no depende de la voluntad de los príncipes de turno, sino de un Plan que Nuestro Padre ya tenía trazado y establecido de antemano: «Y les dijo (Jesús): Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra».(Lc. 13: 32 RVR). También el Señor sabe responder con dureza a esas amenazas de muerte, le hace ver a este tirano que no está dispuesto ni a retroceder, ni a esconderse, continuando su discurso el Señor agrega: “Debo seguir mi camino hoy, mañana y pasado, porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén” (Lc. 13: 33 EPD)
¿Por qué Nuestro señor hace esto?
Porque forma parte del mensaje profético que pregonaron los clásicos videntes del pueblo judío a lo largo de su historia, todos ellos fueron profetizando sobre: el monoteísmo, la universalidad de Dios; (recordemos la profecía predicada por Ezequiel, durante su exilio junto al pueblo hebreo a Babilonia; en su visión inaugural. Profecía que va a despertar su vocación. Una Visión muy parecida a la que también tuvo Isaías, pero mientras Isaías la tuvo dentro del templo, en Jerusalén, el sacerdote Ezequiel, ahora devenido en profeta, la tuvo a orillas del río Quebar, en pleno territorio Babilonio). Este potente mensaje profético, va a formar en la mente del pueblo hebreo la figura de un Mesías Venidero. Un Salvador enviado por Dios que llega para liberar al pueblo de Israel del orden establecido, y a los demás pueblos de la tierra. La matriz teológica religiosa que se formó hasta esa época hacía que este pueblo creyera en un mesías exclusivo para ellos. Deberá pasar casi un siglo de la muerte y resurrección de Jesús, para que el cristianismo, con Pablo y sus misiones, pueda superar esos prejuicios religiosos excluyentes y se vaya haciendo universal, ya sea para quienes tenían origen judío, o gentil.
Continuando con el relato de la comunidad Lucana, tenemos que Nuestro Señor afirma que, cuando se cumpla su tiempo, deberá ir a morir a Jerusalén, la ciudad que apedrea y mata a sus profetas. Esta ciudad no sólo matará al profeta Jesús, nos lo recuerda el versículo 33, sino que tampoco lo reconocerá como Su Mesías.
Jerusalén en la mirada de Jesús, ya no es la ciudad santa. Para Él, es la ciudad que no perdona a los enviados del Padre. Allí se encuentra el sanedrín y el templo, el sanedrín, ese tribunal supremo compuesto por 71 ancianos, y el templo donde se sacrifican los animales. Jerusalén es la ciudad que juzga y sacrifica a los inocentes, y a los rechazados. Este viejo sistema de sacrificios que pretende la redención por la sangre, será reemplazado. El corderito que era adquirido para redención, ya no iba a ser necesario. El hijo del Dios Viviente irá a Jerusalén, ofreciéndose para ofrecerse a esa ley de sacrificios, vigente desde la caída del ser humano y así acabaría con el derramamiento de sangre animal.
Como premio, a estos acontecimientos venideros, Nuestro Señor pronuncia una metáfora, una metáfora que resulta familiar a la gente de aquella época. Una metáfora que le otorga sentido a las palabras proféticas de Jeremías: “El Señor se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia» (Jeremías 31: 3 RVR). La figura de la gallina que pretende cubrir con sus alas a los pollitos, y con ello, darle calor y protegerlos, traduce cabalmente esas palabras dirigidas por el profeta unos siglos antes. En Nuestro Señor, siempre hay perdón y protección, Dios no desea la muerte de nadie, Él desea que se vuelvan a Él y vivan. La metáfora culmina con una consecuencia, una verdad de perogrullo que se cumplirá si se rechaza la mano salvadora: “Vuestra casa se quedará desierta” (v. 35).
Jorge Rodaro
Jorge Rodaro es un pastor de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina. Ha trabajado activamente en la comunidad de Ingeniero Budge, participando en proyectos de asistencia social y fortalecimiento comunitario. Entre sus iniciativas, ha colaborado en la organización de ollas populares, distribución de alimentos y apoyo escolar para niños del barrio. También ha gestionado recursos para mejorar las instalaciones de su iglesia, incluyendo la provisión de agua y la renovación de espacios comunitarios.
Además, Rodaro ha trabajado junto a otros líderes religiosos en actividades de integración y servicio a la comunidad. En 2022, acompañó al obispo Américo Jara Reyes en una visita a la congregación de Ingeniero Budge, donde participaron en celebraciones religiosas y actividades con niños y familias del barrio.