
La ciudad de Jericó que nos recrea el Nuevo Testamento, desde el tiempo de los Seléucidas, era uno de los centros administrativos de la provincia de Judá. Se trata de una ciudad muy próspera enclavada en la región media baja de Palestina. Se la ubica en la hoy región de Cisjordania, sobre el fértil valle del río Jordán, al Este de Jerusalén y de espaldas a ese río, gozaba de un placentero clima y estaba atravesada por abundantes manantiales de agua cristalina, que la convertían en una especie de ciudad jardín. Jericó fue regalada a Cleopatra por Marco Antonio. Herodes I el grande, recién pudo recuperarla luego del suicidio de ambos, en los tiempos de Octavio Augusto. Durante su mandato, este Herodes le construyó un palacio y un teatro. Sus habitantes se jactan orgullosos del palacio herodiano que tenía la ciudad. A la muerte de Herodes, la ciudad pasó a manos del también sanguinario Herodes Arquelao, su hijo.
Al estar cerca de la frontera con Perea, actual Jordania, también tenía un puesto aduanero. Los impuestos aduaneros y a las ganancias, serían bastante “fuertes”. Esta función de recaudar, era llevada a cabo por el “Publicano Principal”, quien además de contratar recaudadores, era el concesionario de los impuestos a las ventas y de aduana.
Este rol de Jefe de Cobradores lo ejercía un tal Zaqueo, (curioso nombre, ya que en griego quería decir: puro, inocente). La cobranza impositiva no se hacía como en la actualidad, hoy es el estado quien regula los montos que se debe pagar como tributo. En esa época, el estado romano recaudaba vendiendo el cargo a un muy alto precio, y la persona que lo adquiere establecía la valuación tributaria y se guardaba lo que percibía por la recaudación. Este Zaqueo, habría amasado una tremenda fortuna. Los recaudadores trabajaban para los romanos y además pedían más dinero del que las tasas romanas exigían haciéndose de esta manera ricos fácilmente, por lo que eran odiados por el pueblo y estaban excluidos de la comunidad religiosa. Dado ese rol, Zaqueo pudo haberse enriquecido sin estafar a nadie, pero el relato de Lucas nos da a entender que lo había hecho (V 8).
Jesús llega a Jericó y cruza toda la ciudad. Zaqueo “Estaba tratando de ver quién era Jesús, pero la multitud se lo impedía, pues era de baja estatura” (Lc. 19: 3 Nueva Versión Internacional).
Lo que no sabemos es quién tenía baja estatura, si Zaqueo o Nuestro Señor. Para esa época, en la cultura mediterránea, las estaturas humanas estarían en el rango del metro sesenta, por lo que uno de los dos mediría menos que esa talla. El relato prosigue describiéndonos que éste se subió a una higuera para poder verlo. Pero como siempre Jesús se adelantó y le vio primero (Versículo 5) y le propuso que lo hospedara en su casa. Tengamos en cuenta que los judíos devotos no aceptaban entrar en casa de un “publicano” y mucho menos comer de su comida. Ya que alguien tan impío e inescrupuloso, como para recaudar impuestos, no se habría preocupado para diezmar tales alimentos. La feroz actitud farisaica ocasionó fuertes críticas hacia el Señor, porque éste había decidido hospedarse en casa de un “Pecador” (V 7).
Pero la “taba” se dio vuelta, porque contra lo que opinaba el gentío, Zaqueo le propone a Jesús reparar el mal que había hecho. Esto se conoce como restitución, el diccionario de la Real academia Española la define como: “Devolución de una cosa a quien la tenía antes”. Esta promesa de restituir, nos indica un reconocimiento al robo administrativo, delito tan serio que ya estaba tipificado por Moisés, en el libro de Éxodo capítulo 22 versículos del 1 al 4. Según esa ley, la persona dañada tenía derecho a requerir una restitución con la doble cantidad de lo reclamado. La restitución que Zaqueo le informa al Señor Jesús, va más allá de la ley de Moisés, leemos textual: “Pero Zaqueo dijo resueltamente. Mira, Señor. Ahora mismo voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes y, si en algo he defraudado a alguien, le devolveré cuatro veces la cantidad que sea” (Lucas 19: 8 NVI). Esta respuesta radical, era una fuerte señal de devoción hacia su Maestro, la Perfecta Gracia entró en el corazón de Zaqueo. Pero se abre además un nuevo panorama sobre la idea de salvación que predominaba entre el pueblo de Israel. Este pueblo estaba creído que la salvación era un especie de pasaporte o salvoconducto exclusivo, entregado por Yahveh a cada uno de ellos y de ellas por el solo hecho de ser descendientes de Abraham. Se habían olvidado de que sus líderes fallaron, y olvidaron los dichos del profeta Ezequiel: “Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntara por ellas” (Ezequiel 34: 6 RVR1960). Esas leyes de pureza e impureza, elegidos y rechazados, están siendo muy mal aplicadas por los sacerdotes, escribas y fariseos. La salvación que muestra Nuestro Señor, es gratuita, pero no barata. El evangelio nos enseña: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa dijo Jesús, ya que este también es un hijo de Abraham. Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc. 19: 9 y 10 NVI).
La visión de Nuestro Señor está basada en buscar todas las ovejas esparcidas por la faz de la tierra. Él quiere enseñarle a esos grupos religiosos marginadores, que para Nuestro Misericordioso Padre todas y todos somos sus ovejas, y basta solo un cambio de actitud en nuestra conducta, para alcanzar su Divina Gracia de Salvación. Zaqueo realiza todo ese cambio en su vida, al tomar contacto con la Palabra Humanizada.
Para ir terminando. En nuestra sociedad también proliferan las y los Zaqueos, están muy bien representados y representadas por aquella gente que marginamos y rechazamos tanto por nuestra cultura, como por nuestra ideología de clase. Querida Iglesia tengamos siempre presentes que Nuestro Señor no les abandona, por el contrario, Él quiere visitarlos y hospedarse en sus hogares. Sigamos su ejemplo, querida comunidad.
Y como siempre que Nuestro Padre Todopoderoso nos siga brindando Salud, Paz y Bienestar
Jorge Rodaro
Jorge Rodaro es un pastor de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina. Ha trabajado activamente en la comunidad de Ingeniero Budge, participando en proyectos de asistencia social y fortalecimiento comunitario. Entre sus iniciativas, ha colaborado en la organización de ollas populares, distribución de alimentos y apoyo escolar para niños del barrio. También ha gestionado recursos para mejorar las instalaciones de su iglesia, incluyendo la provisión de agua y la renovación de espacios comunitarios.
Además, Rodaro ha trabajado junto a otros líderes religiosos en actividades de integración y servicio a la comunidad. En 2022, acompañó al obispo Américo Jara Reyes en una visita a la congregación de Ingeniero Budge, donde participaron en celebraciones religiosas y actividades con niños y familias del barrio.